Subscribe:

viernes, 22 de julio de 2011

Abrojos - Día de dolor

Abrojos
- I -
               ¡Día de dolor
aquel en que vuela
para siempre el ángel
del primer amor!

- II -
¿Cómo decía usted, amigo mío?
¿Que el amor es un río? No es extraño.
      Es ciertamente un río
que uniéndose al confluente del desvío,
va a perderse en el mar del desengaño.

- III -
      Pues tu cólera estalla,
justo es que ordenes hoy ¡oh Padre Eterno!
una edición de lujo del infierno
digna del guante y frac de la canalla.

- IV -
En el kiosco bien oliente
besé tanto a mi odalisca
en los ojos, en la frente,
y en la boca y las mejillas,
que los besos que le he dado
devolverme no podría
ni con todos los que guarda
la avarienta de la niña
en el fino y bello estuche
de su boca purpurina.

- V -
Bota, bota, bella niña,
ese precioso collar
en que brillan los diamantes
como el líquido cristal
de las perlas del rocío
matinal.

Del bolsillo de aquel sátiro
salió el oro y salió el mal.
Bota, bota esa serpiente
que te quiere estrangular
enrollada en tu garganta
hecha de nieve y coral.

- VI -
Puso el poeta en sus versos
todas las perlas del mar,
todo el oro de las minas,
todo el marfil oriental;
los diamantes de Golconda,
los tesoros de Bagdad,
los joyeles y preseas
de los cofres de un Nabab.
Pero como no tenía
por hacer versos ni un pan,
al acabar de escribirlos
murió de necesidad.

- VII -
Al oír sus razones
fueron para aquel necio
mis palabras, sangrientos bofetones;
mis ojos, puñaladas de desprecio.

- VIII -
Vivió el pobre en la miseria,
nadie le oyó en su desgracia;
cuando fue a pedir limosna
lo arrojaron de una casa.
   Después que murió mendigo,
le elevaron una estatua...
¡Vivan los muertos, que no han
estómago ni quijadas!

- IX -
      Primero, una mirada;
  luego, el toque de fuego
      de las manos; y luego,
      la sangre acelerada
      y el beso que subyuga.
Después, noche y placer; después, la fuga
      de aquel malsín cobarde
      que otra víctima elige.
Bien haces en llorar, pero ¡ya es tarde!...
      ¡Ya ves! ¿No te lo dije?

- X -
¡Oh, mi adorada niña!
Te diré la verdad:
tus ojos me parecen
brasas tras un cristal;
tus rizos, negro luto;
y tu boca sin par,
la ensangrentada huella
del filo de un puñal.

- XI -
Lloraba en mis brazos vestida de negro ,
se oía el latido de su corazón,
cubríanle el cuello los rizos castaños
y toda temblaba de miedo y de amor.
¿Quién tuvo la culpa? La noche callada.
Ya iba a despedirme. Cuando dije «¡Adiós!»,
ella, sollozando, se abrazó a mi pecho
bajo aquel ramaje del almendro en flor.
Velaron las nubes la pálida luna...
Después, tristemente lloramos los dos.

- XII -
¡Oh, luz mía! Te adoro
      con toda el alma;
tu recuerdo es la vida
      de mi esperanza.
      Corazón mío,
¡vieras, con mi silencio,
      cuánto te digo!
      Y con tus ansias
  y tu silencio,
¡vieras, corazón mío,
      cuánto sospecho!
[1886]

- XIII -
¿Que lloras? Lo comprendo.
Todo concluido está.
Pero no quiero verte,
alma mía, llorar.
Nuestro amor, siempre, siempre...
Nuestras bodas... jamás.
¿Quién es ese bandido
que se vino a robar
tu corona florida
y tu velo nupcial?
Mas no, no me lo digas,
no lo quiero escuchar.
Tu nombre es Inocencia
y el de él es Satanás.
Un abismo a tus plantas,
una mano procaz
que te empuja; tú ruedas,
y mientras tanto, va
el ángel de tu guarda
triste y solo a llorar.
Pero ¿por qué derramas
tantas lágrimas?... ¡Ah!
Sí, todo lo comprendo...
No, no me digas más.

- XIV -
Yo era un joven de espíritu inocente.
Un día con amor la dije así:
-Escucha: el primer beso que yo he dado,
      es aquel que te di...
Ella, entonces, lloraba amargamente.
Y yo dije: ¡Es amor!
sin saber que aquel ángel desgraciado
lloraba de vergüenza y de dolor.
 XV -
A un tal que asesinó a diez
y era la imagen del vicio,
muerto, el Soberano juez
le salvó del sacrificio
sólo porque amé una vez.

- XVI -
Cuando cantó la culebra,
cuando trinó el gavilán,
cuando gimieron las flores,
y una estrella lanzó un ¡ay!;
cuando el diamante echó chispas
y brotó sangre el coral,
y fueron dos esterlinas
los ojos de Satanás,
entonces la pobre niña
perdió su virginidad.

- XVII -
Cuando la vio pasar el pobre mozo
y oyó que le dijeron: -¡Es tu amada!...
      lanzó una carcajada,
pidió una copa y se bajó el embozo.
-¡Que improvise el poeta!
                                    Y habló luego
del amor, del placer, de su destino
   Y al aplaudirle la embriagada tropa,
se le rodó una lágrima de fuego,
que fue a caer al vaso cristalino.
      Después, tomó su copa
¡y se bebió la lágrima y el vino!...
[1886]

- XVIII -
Cantaba como un canario
mi amada alegre y gentil,
y danzaba al són del piano,
del oboe y del violín.
Y era el ruido estrepitoso
de su rítmico reír,
eco de áureas campanillas,
són de liras, de marfil,
sacudidas en el aire
por un loco serafín.
Y eran su canto, su baile,
y sus carcajadas mil,
puñaladas en el pecho,
puñaladas para mí,
de las cuales llevo adentro
la imborrable cicatriz.
[1886]

- XIX -
La estéril gran señora desespera
      y odia su gentil talle
cuando pasa la pobre cocinera
con seis hijos y medio por la calle.

- XX -
Ponedle dentro el sol y las estrellas.
¿Aun no? Todos los rayos y centellas.
¿Aun no? Poned la aurora del oriente,
      la sonrisa de un niño,
      de una virgen la frente
y miradas de amor y de cariño.
¿Aun no se aclara?- Permanece oscuro,
      siniestro y espantoso-.
Entonces dije yo: -¡Pues es seguro
que se trata del pecho de un celoso!
[1886]

- XXI -
He aquí el coro que entonan
los vagos y los mendigos:
-¡Guerra a muerte a los banqueros
que repletan sus bolsillos!
Regla general: -Los pobres
son los que odian a los ricos.

- XXII -
Me dijo un amigo ayer:
-Aquel que pueda llegar
a cierta hora en que a tentar
sale a veces Lucifer,
hallará en toda mujer
la mujer de Putifar.
El asunto está en saber
cuándo el reloj va a sonar.
Ahora ¡vamos a ver!
¿siempre te vas a casar?

- XXIII -
De lo que en tu vida entera
nunca debes hacer caso:
la fisga de un envidioso,
el insulto de un borracho,
el bofetón de un cualquiera
y la patada de un asno.

- XXIV -
- 1 -
Viejo alegre, viejo alegre,
no persigas a mi novia;
no son pájaros de invierno
los amantes de las rosas.

- 2 -
Viejo alegre, viejo alegre,
me quitaste a mi adorada;
¡cuál te engríes en la boda
retiñéndote las canas!

- 3 -
Viejo alegre, ríe, ríe,
pues volvió tu primavera;
tanto, que hoy ha amanecido
retoñando tu cabeza.

- XXV -
¿Dar posada al peregrino?...
A uno di posada ayer;
y hoy, prosiguió su camino
llevándose a mi mujer.

- XVI -
      ¡A aquel pobre muchacho
le critica una copa y un albur,
      ese viejo borracho
que tiene cincuenta años de tahúr!...

- XXVII -
El traje de los vicios
      son los harapos;
que hoy andan las virtudes
      de guante blanco.
      Lugar común;
pero que siempre empleamos
      si vemos un...

- XXVIII -
¡Qué cosa tan singular!
¡Ese joven literato
aun se sabe persignar!

- XXIX -
Aquella frente de virgen,
aquella cándida tez,
aquellos rizos oscuros,
aquellos labios de miel,
aquellos ojos purísimos
que vían con timidez,
aquel seno que tenía
de la niña y la mujer,
y aquella risa inocente,
eran... ¡la número 10!

- XXX -
Mira, no me digas más:
¡que otra palabra como ésa
tal vez me puede matar!

- XXXI -
¡Qué piropo! Escalda y pincha.
¡Qué obscenidad! ¡Qué baldón!
-¿Quién lo dijo?- Ese mocito
del flamante redingot.
A la pobre muchachuela
la cara se le encendió...
Iba descalza, iba rota...
Y ¡miren qué contrición!:
-¡Como si tal harapienta
pudiera tener pudor!

- XXXII -
¡Advierte si fue profundo
un amor tan desgraciado,
que tuve odio a un hombre honrado
y celos de un moribundo!

- XXXIII -
   ¿Por qué ese orgullo, Elvira? Que se
domen
en ti loca ambición, ruines enojos,
y quítate esa venda de los ojos,
y que esos ojos a lo real se asomen.

   Mira, cuando tus ansias vuelo tomen
y te finjan grandezas tus antojos,
bellas -rostro divino, labios rojos-,
que unas comen pan duro, otras no comen.

   Bajan a los abismos nieves puras
cuando rueda el alud; y se hacen fango
después de estar en cumbres altaneras.

   ¡Ay, yo he visto llorar sus desventuras
a encopetadas hembras de alto rango
sobre el sucio jergón de las rameras!

- XXXIV -
   He aquí la exacta copia
de un caso digno de fe.
Lo cuento tal como fue,
pues no es de cosecha propia.
 A un joven de posición,
una joven irritada,
de una sola puñalada
le ha partido el corazón.

   Se ha levantado el proceso,
y se examina con pausa,
para averiguar la causa
de tan terrible suceso.

   Ya averiguada, sonroja
un hecho tan inaudito:
¡él cometió el gran delito
de llamarla bizca y coja!

   Por tanto, siendo, en verdad,
ése un delito tan feo,
¡que quede libre la reo!,
¡en completa libertad!

- XXXV -
   Niña hermosa que me humillas
con tus ojos grandes, bellos:
son para ellos, son para ellos
estas suaves redondillas.

   Son dos soles, son dos llamas,
son la luz del claro día;
con su fuego, niña mía,
los corazones inflamas.

   Y autores contemporáneos
dicen que hay ojos que prenden
ciertos chispazos que encienden
pistolas que rompen cráneos.
[1886]

- XXXVI -
Pues si el torno de la inclusa
es un buzón verdadero,



No hay comentarios:

Publicar un comentario